Transmitir la fe a los hijos no consiste únicamente en enseñarles a rezar o llevarlos a misa. La fe también se transmite a través de lo que ven y viven cada día en casa: una oración en familia, una tradición que se repite cada año, una imagen religiosa que les acompaña desde pequeños o un sencillo gesto de cariño y confianza en Dios.
Hay recuerdos de la infancia que se quedan con nosotros durante toda la vida. Una comida familiar, los veranos en el pueblo, las Navidades en casa de los abuelos, una canción que sonaba siempre en el coche… Son pequeños momentos que, con los años, adquieren un valor especial. Con la fe ocurre algo parecido. Muchas veces no recordamos exactamente qué nos enseñaron nuestros padres, pero sí recordamos cómo se vivía la fe en casa.
«No todos podemos hacer grandes cosas, pero sí pequeñas cosas con gran amor»
— Santa Teresa de Calcuta
No necesitamos grandes planes para transmitir la fe a nuestros hijos. Estas son algunas ideas sencillas para vivir la fe en familia y hacer que forme parte de la vida cotidiana.
1. Hacer de la oración una parte natural del día a día
No hace falta rezar juntos durante largos ratos para que la oración forme parte de la vida familiar. Puede ser antes de acostarse, al empezar una comida, antes de un viaje o cuando alguien está pasando por un momento difícil.
Elegir uno o dos momentos que encajen de verdad con vuestra rutina ayuda a que la oración no se convierta en una obligación más. Con el tiempo, los niños pueden asociar esos momentos con algo tan sencillo como parar un instante, estar juntos y ponerse en manos de Dios.
2. Crear un pequeño espacio de fe en casa
Una imagen de la Virgen, una Sagrada Familia… pueden tener un lugar especial en casa. No es necesario crear un gran espacio de oración; basta con encontrar un rincón que ayude a recordar que la fe también tiene un lugar en vuestra vida cotidiana.
Para los niños, además, los símbolos hablan. Crecer viendo una imagen religiosa en casa hace que la fe forme parte de su paisaje familiar, igual que las fotografías, los libros o cualquier otro objeto que cuenta quiénes somos. Lo que se ve también educa.
3. Enseñar a los hijos a dar gracias
Hay muchas ocasiones para enseñar a los niños a reconocer lo bueno que tienen. Antes de dormir, durante la cena o al terminar un día especialmente bonito, podéis preguntaros qué ha sido lo mejor de la jornada y por qué queréis dar gracias. Poco a poco, ese ejercicio ayuda a mirar la vida desde el agradecimiento y a descubrir que también podemos dar gracias a Dios por lo cotidiano.
4. Rezar en familia por las personas que queremos
Cuando un familiar está enfermo, un amigo tiene un problema o alguien cercano está atravesando una dificultad, podéis incorporarlo a vuestra oración familiar. «Vamos a rezar por él» puede enseñar mucho más de lo que parece. Los niños descubren que la oración no es solamente pedir cosas para uno mismo, sino también acordarse de los demás, acompañarlos y ponerlos en manos de Dios.
5. Crear tradiciones cristianas en familia
Montar juntos el Belén, acudir a una celebración, preparar una comida especial, encender una vela, visitar un lugar significativo para la familia… No se trata de hacer muchas cosas, sino de encontrar aquellas que tengan sentido para vosotros y repetirlas. Las tradiciones tienen algo especial: con el paso de los años, dejan de ser simplemente una costumbre y pasan a formar parte de la historia de una familia.
6. Bendecir a los hijos antes de dormir
Hacer la señal de la cruz sobre su frente antes de dormir o simplemente decirle: «Que Dios te bendiga y te cuide siempre» es un gesto breve, pero reúne muchas cosas: cariño, protección, y fe.
7. Hablar de Dios en los momentos cotidianos
Una buena noticia puede ser motivo para dar gracias. Una dificultad, para pedir ayuda. Un gesto generoso de otra persona, para hablar del valor de cuidar a los demás. Algo bonito que vemos, para aprender a reconocer y agradecer la belleza.
De esta manera, los niños van descubriendo que la fe no pertenece únicamente a la iglesia o a determinados momentos del día. También tiene un lugar en lo que ocurre cada día en casa.
8. Transmitir la fe con el ejemplo
Que os vean rezar. Que os vean dar gracias. Que sepan que vais a misa porque para vosotros es importante. Que os escuchen hablar de Dios con naturalidad. Y también que puedan ver cómo vuestra fe os ayuda cuando las cosas no salen como esperabais. La pregunta no es solamente «¿cómo puedo enseñar la fe a mis hijos?», sino también: «¿Cómo estoy viviendo yo mi fe delante de ellos?»
No hace falta hacerlo perfecto
No sabemos qué momentos concretos recordarán nuestros hijos cuando sean mayores, pero podemos cuidar aquello que hoy forma parte de su infancia. Hay cosas que se enseñan con palabras, y otras que se transmiten simplemente viviéndolas juntos.
Que vuestra casa también sea un lugar donde la fe se vea, se viva y se recuerde.
































