Descripción
“A otros santos parece que les dio el Señor gracia para socorrer en una necesidad; pero a este glorioso santo tengo experiencia de que socorre en todas»
Inspirada en estas palabras, Henar Soria ha creado esta edición gráfica que refleja a un San José en quien se puede confiar plenamente.
Pero esta pieza no es solo una imagen devocional. Es una presencia que trae paz.
San José, con el Niño en brazos, transmite serenidad, equilibrio y seguridad interior. Su figura suave y cercana convierte cualquier estancia en un refugio: perfecta para dormitorios, habitaciones infantiles o espacios donde quieres que reine la calma.
También es un regalo lleno de sentido para sacerdotes —padres espirituales— como signo de gratitud y confianza.
Ediciones Gráficas de Henar Soria
Biografía de la autora
Siempre me ha gustado dibujar. Me recuerdo desde que tengo uso de razón dibujando, con especial interés por el rostro humano.
Últimamente uso para ello casi exclusivamente el bolígrafo porque es lo
que siempre he llevado a mano, porque no tiene retorno −lo que me ayuda a no caer en perfeccionismos obsesivos−, no ocupa espacio, se adapta a cualquier situación y da resultados muy satisfactorios.
Respecto a mi formación, fui a una academia de pintura durante 10 años donde hice bodegones principalmente, nada que ver con el dibujo de personas, pero me enseñó a saber encajar con cierta rapidez y aprendí sobre el uso del color, la luz y diferentes técnicas.
La carrera de arquitectura me ayudó también a coger soltura en el trazo y a desarrollar un estilo más concreto, aunque aún estoy en proceso.
Realmente esos años supusieron un punto de inflexión en la manera de percibir la “producción artística” −que siempre había hecho en la intimidad, por gusto−, porque al tener que exponer los dibujos en las
clases y llevar siempre conmigo un cuaderno de bitácora, donde se mezclaban dibujos de proyectos con otros de personas, empecé de forma natural a dar visibilidad a lo que hacía y todo el mundo me decía
que tenía que hacer algo con ello.
Pero yo no terminaba de saber qué. Lo que sí supe fue que cuando Javier Viver me propuso vender tres dibujos míos, no podía rechazar la oportunidad de empezar a hacer
algo con aquello.










































