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Ramos Alderete creates La Ermita de Lola shrine in Spanish garden

Alyn Griffiths |

Ramos Alderete crea el santuario de La Ermita de Lola en un jardín español
The photography is by Alberto Amores.

El estudio de arquitectura Ramos Alderete ha creado una gruta de hormigón para el recuerdo en un jardín privado de Las Rozas (España), con una abertura cóncava que alberga una escultura de piedra.

Ramos Alderete, con sede en Madrid, ha colaborado con la arquitecta Ana Isabel Santolaria en el proyecto, diseñado para una pareja que perdió a su hija Lola poco después de su nacimiento y quería un monumento que mantuviera vivo su recuerdo.

Bautizado como La Ermita de Lola, el santuario alberga la escultura de la Virgen Embarazada del artista Javier Viver, colocada en una hornacina en su centro. La idea de una gruta o ermita para la Virgen María surgió de los clientes y es un arquetipo religioso común.

“La ermita está concebida como una piedra excavada y tiene su origen en los conceptos de capilla, vientre, misterio, roca y, sobre todo, en la escultura de Javier Viver”, dijeron los arquitectos, refiriéndose a la forma en que la figura escultórica está abrazando su vientre.

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Javier Viver: «Si el arte no genera comunión será cualquier otra cosa, pero no arte»

ONMES CULTURA- Maria José Atienza – 25 de julio de 2022

El fotógrafo y escultor Javier Viver, autor de la Madre de Hakuna, o la Bella Pastora, es uno de los referentes del arte sacro contemporáneo en España. Desde el 25 de julio hasta el 30, dirige el Observatorio de lo Invisible, en el que un centenar de estudiantes y profesionales de distintas disciplinas artísticas comparten experiencias creativas y reflexiones en el marco del Monasterio de Guadalupe.
Fotografia de Lupe de la Vallina

De sus manos han salido imágenes marianas como la Madre de Hakuna, la Bella Pastora de Iesu Communio, la mujer de Lot o el Ángel de la Guarda que, desde hace unos días, puede verse en la madrileña Puerta del Ángel. Javier Viver es uno de los referentes del arte sacro contemporáneo en España pero también es un prolífico autor de obras de temática no religiosa tanto escultóricas como fotográficas.

La Bella Pastora de Javier Viver

Desde el pasado año impulsa, a través de la Fundación Vía, el Observatorio de lo Invisible. Una escuela de verano para estudiantes de distintas disciplinas artísticas, que, durante una semana se sumergen en una experiencia de arte y espiritualidad en el marco del Monasterio de Guadalupe de Cáceres.

Con este paisaje de fondo, Viver señala en esta entrevista con Omnes lo que él considera el papel del artista en la sociedad actual: “ofrecer una brizna de esperanza, un retazo del paraíso, a la sociedad”.

La primera experiencia del Observatorio de lo Invisible fue un éxito y esto ha llevado a ampliar y continuar la convocatoria ¿Qué define esta escuela de verano?

– La posibilidad de compartir la creación artística con una gran diversidad de artistas de todas las disciplinas y edades. Mas de 100 asistentes entre artista y estudiantes. 

¿Por que eligieron el entorno del Monasterio de Guadalupe?

– El Monasterio es un centro histórico de espiritualidad y creación artística de primer orden. Con obras maestras de Zurbarán, el Greco o Goya.

Hablando de lo invisible, que es el arte la vía de materialización del espíritu 

¿Puede darse un arte inanimado?

– No, el arte está esperando un alma que lo interprete, que lo vuelva a activar. 

¿El artista crea para si mismo o para el espectador?

– Desde mi punto de vista crea para un espectador, para un lector. El arte como fenómeno cultural solo tiene sentido para una sociedad. Si no genera comunicación, comunión, será cualquier otra cosa, pero no arte.

Las obras mas importantes son las que conectan y despiertan la contemplación de otras almas, de su generación y de las que vendrán.  En este sentido su proyección es atemporal, su audiencia universal e ilimitada. El arte a largo plazo es la mejor inversión. 

Entre sus obras más conocidas de temática religiosa se encuentran las imágenes marianas de la Bella Pastora o la Madre de Hakuna. ¿Cómo se imagina usted a la Virgen?

– La Virgen María es la Iglesia naciente, la doncella de Nazaret que inició esta aventura tan apasionante que llamamos Iglesia. Primero fue la Iglesia doméstica de Nazaret, luego la jerárquica. Ella es la tradición viva de la Iglesia, hecha relatos domésticos que luego contaría a los discípulos de Jesús y estos escribieron en los evangelios y otros escritos. Además, María es la iniciadora de la Vía del arte, via pulchritudinis.

Como las grandes mujeres de la historia fue la gran narradora doméstica de la historia de la salvación y la gran tejedora. Fue la madre de Jesús y se convirtió en la madre de los discípulos de Jesús. 

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Arte, espiritualidad y comunión: así es el Observatorio de lo Invisible

EL DEBATE – María Serrano – Madrid 26/07/2022

La escuela de verano promovida por la Fundación VIA del Arte congrega en el Monasterio de Guadalupe a cien alumnos ávidos de encontrar en lo trascendente una respuesta a sus inquietudes artísticas
El escultor Javier Viver, en la jornada inaugural del Observatorio de lo Invisible 2022

Amanece en el Monasterio de Guadalupe (Cáceres). Desde primera hora se aprecia una mezcla entre silencio contemplativo, casi reverencial, y un éxtasis impaciente por ver y vivir todo lo que va a tener lugar en el interior de un santuario que tiene casi diez siglos de historia. Una joven cruza corriendo el claustro, violoncelo al hombro, hasta llegar al oratorio, presidida por una Virgen de tamaño natural en actitud orante, la Santa Maria de La Paz, sentada junto al resto de asistentes. A las 8 comienza la misa y la adoración, y como no podía ser de otra manera, música, expresión artística y fe van unidas.

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Un «lifting» para la Virgen… y la imaginería cambió

LA RAZÓN – José Beltrán – Madrid 23-07-2022

Javier Viver revoluciona la escultura religiosa con una María embarazada: «Me han donado 10.000 euros por una curación vinculada a rezar al icono»

Javier Viver, escultor religioso, en su estudio FOTO: David Jar La Razon

Javier ha perdido la cuenta de las réplicas y declinaciones que ha realizado de la Bella Pastora. Cuando las religiosas de Iesu Communio, la comunidad contemplativa más numerosa y joven de España, le encargaron una imagen de la madre de Jesús para su capilla, este escultor madrileño de 51 años era conocido y reconocido como doctor en Bellas Artes y había expuesto ya en Nueva York, Roma…

Pero esa encomienda supuso para él un salto cuantitativo y cualitativo. «Durante más de diez años, las monjas de Lerma no quisieron hacer reproducciones, porque buscaban que la gente pudiera ir allí y vivir la experiencia del encuentro personal. Yo respeté su idea, pero el año pasado apostaron porque La Bella Pastora pudiera estar también en las casas de la gente».

“Me miraban raro”

Alrededor de una década de proyección para una María encinta, a escala natural, hiperrealista, liberada de dorados y coronas, y fuera de toda hornacina o altar inalcanzable. «Cuando hice la primera Virgen embarazada, algunos me miraban raro, porque me salía la tendencia. Unos echaban de menos las aureolas, otros criticaban que no incluyera los atributos simbólicos de siempre y hay quien la menospreciaba porque decían que iba en bata. Todo eso ha quedado enterrado y desaparecido. Ahora es un icono canonizado por la devoción popular. Lo importante es tener claras tus ideas y apostar a medio y largo plazo».

Quizá por eso, a estas alturas, a Javier Viver no le preocupa que le etiqueten como el escultor de las Vírgenes, aunque su obra vaya mucho más allá. «Me da un poco igual, pero lo cierto es que antes era impensable hablar de imaginería en el ámbito contemporáneo del arte y hoy en día hay muchísima gente joven y no tan joven están usando esa tradición como base de su trabajo conceptual».

En cualquier caso, el secreto del éxito de este «lifting» sacro pasa por «mostrar que lo sobrenatural tiene un componente humano». «En la medida en la que Cristo se encarna, la Verdad nos llega de una forma muy humana, que es lo que busco mostrar a través de la imagen. Para que se convierta en un icono de devoción popular, quien la contempla se tiene que identificar con ella, la fe tiene que inculturizarse en cada tiempo y en cada tiempo para que el cristianismo continúe siendo universal», expone el artista.

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Aprender a observar para hacer visible lo invisible

ALFA Y OMEGA – Javier Viver – Madrid 14/07/2022

Si hubiera que elegir un momento quizá me quedaría con aquel en el que se palpaba la comunión.

Paz Sánchez Terán estudia el segundo curso de Derecho y Administración de Empresas en la Universidad Pontificia Comillas. Llegó al monasterio de Guadalupe hace un año como una alumna más del centenar de jóvenes artistas que participó en el I Observatorio de lo Invisible. Lo que allí vivió cambió su trayectoria vital. Se propuso hacer algo para que otros jóvenes vivieran la experiencia que ella había tenido. Como cantautora que es, organizó un concierto y, con lo recaudado, ha ofrecido una beca a cinco jóvenes en el observatorio, que volverá a celebrarse este año en el monasterio extremeño durante la última semana de julio. En solo un año, Paz ha pasado de ser una alumna a convertirse en una auténtica mecenas de nuevos jóvenes que, como ella, sienten la curiosidad de explorar lo invisible a través del arte.

Es solo uno de los muchos frutos que se recogieron en el I Observatorio de lo Invisible y que yo, como el resto de patronos de la Fundación Vía del Arte, pretendemos multiplicar en la segunda edición que este año contará con siete talleres de pintura, música, escritura, teatro, fotografía, escultura y encuadernación. Esta escuela de arte y espiritualidad permite a un centenar de jóvenes crecer como artistas de la mano de profesores de reconocido prestigio en sus diferentes disciplinas, como el músico Ignacio Yepes; los fotógrafos Eduardo y Sema D’Acosta; la pintora Elena Goñi; la escritora Izara Batres; el actor Joaquín Notario; el escultor Pedro Quesada; la bordadora Yolanda Andrés, y la encuadernadora Natalia García Vilas, quienes, al mismo tiempo que comparten experiencias de creación, muestran su arte y conviven durante una semana en la hospedería del monasterio, donde las sorpresas no dejan de sucederse.

En la primera edición contamos con el increíble regalo de la presencia de Antonio López, que disfrutó compartiendo con los alumnos talleres, café y comida. El pintor confesó que el Observatorio de lo Invisible había sido para él «oxígeno, al ver a la gente más joven trabajando, y poder intercambiar ideas, conceptos y aspectos de su trabajo». Tanto disfrutó de la experiencia que aceptó agradecido ser nombrado patrono de honor de la fundación que promueve estos encuentros.

Las conversaciones que pude compartir con los alumnos aún resuenan en mí, meses después. Una mañana me encontraba paseando por el claustro gótico de la hospedería y escuché un comentario desde los arcos de la planta superior que describe muy bien el sentir general durante esos días: «¿Te imaginas qué pasaría si el mundo fuera como el Observatorio de lo Invisible?». Esa fue la experiencia que tuvimos muchos de los que participamos, la de estar en un pequeño paraíso en la tierra en el que la belleza y la creación eran posibles, y en el que nadie era excluido por su forma de ser o de pensar, sino apreciado por su singularidad y por compartir el don de la creación.

En otra ocasión estábamos comiendo y otra de las participantes me confesó que era agnóstica. Me sorprendió, porque la había visto rezando en la basílica en una de esas Misas con concierto que celebrábamos y en las que los músicos hacían de la liturgia una verdadera manifestación del Misterio, hasta el punto de hacerse visible y audible. Le manifesté mi sorpresa y me contestó que no sabía la razón, pero esos momentos, a primera hora del día, le producían tal estado de paz y de gracia indescriptibles que había decidido vivirlos intensamente.

Fue muy interesante la complicidad que se tejió entre los distintos talleres y disciplinas en las veladas artísticas que se celebraban tras la cena. Allí confluían y se integraban distintas artes. Los alumnos del taller de poesía, dirigido por el profesor Antonio Barnés, interpretaron el recital titulado ¿Dónde esta Dios?, en el que con sus propios versos y con los de consagrados poetas trataban de dar respuesta a esa pregunta que nos dejó pensando a todos los asistentes. Estaban acompañados por las improvisaciones, inspiradas por los poemas, de los alumnos del taller de música que impartía el compositor y director de orquesta Ignacio Yepes.

Algunos de los alumnos del observatorio han conseguido sobresalir este año en sus disciplinas y han sido distinguidos con premios. Es el caso de Luis Meseguer, que ha terminado este año la carrera de Composición Musical y que quedó finalista del certamen de música sacra Fernando Rielo 2021. También la alumna Teresa Zurdo, del taller de poesía, se alzó con el Premio de la Universidad Complutense de Literatura 2022 en su modalidad de narrativa con la obra Los elefantes no bailan ballet. También ha nacido un grupo poético, RiOculto, que han formado los alumnos y el profesor del taller de poesía y que ha realizado varios recitales y colaborado con otras iniciativas de artistas del observatorio. Algunos alumnos también se han integrado en el coro de la Fundación Vía del Arte. Esto no ha hecho más que empezar, y en los prolegómenos del segundo observatorio ya se respiran ganas de bucear en lo invisible para que cada alumno encuentre su modo único de expresar lo inefable.

Si hubiera que elegir un momento quizá me quedaría con aquel en el que se palpaba la comunión. A última hora de la tarde, todos los participantes que lo deseaban podían unir sus voces en una oración polifónica en la que resonaba el Himno a la caridad de san Pablo, musicalizado por Ignacio Yepes. Durante ese espacio de tiempo todos éramos conscientes de participar en algo superior que excedía las capacidades individuales. Una manifestación elocuente de que el arte, por encima de todo, nos adentra en el Misterio, nos permite ser observadores de lo invisible.

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