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Oración Nuestra Señora de Alegra

Oración.  Nuestra Señora de Alegra

ORACIÓN

María, Madre mía, Señora de Alegra, enséñame a buscar, conocer y amar a tu Hijo Jesús; deseo llegar a tener un amigo para siempre en Tu Hijo.

Madre, ayúdame a que cada día de mi vida me acerque más a Jesús; y que no tarde en volver a El si, por el pecado, me he alejado de tu Hijo. Graba en mi corazón que la confesión es un sacramento de Alegría.

María, quiero conocer y hacer lo que Jesús espera de mí: mi misión en la vida. Como tú, quiero decirle a Jesús: “cuenta conmigo”.

Señora, te pido por mi familia y por todas las familias de Alegra. Permanece en medio de nosotros y hazte presente siempre que lo necesitemos. Danos la valentía de ser testigos de Jesús y el coraje necesario para no tener miedo a ponerle en la cumbre de mi futuro trabajo profesional y en medio de mi familia y mis amigos. Amén

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Nuestra Señora de Alegra

Virgen de Alegra. Encargo del colegio de Alegra de Madrid

Nuestra Señora de Alegra. Encargo del Colegio Alegra.

Un encargo para el artista Javier Viver. En  el colegio Alegra hay un proyecto muy especial para todos los que formamos parte del colegio. Se trata del proyecto de construcción de una ermita para la Virgen en el campus de Alegra. La ermita contará con un Sagrario y con una talla de la Virgen.

Desde hace mucho tiempo tenemos el deseo de que dicha talla de la Virgen sea única: “Nuestra Señora de Alegra”.

Nuestra Señora de Alegra en consecuencia del proyecto educativo del colegio. El concepto de belleza, y en concreto belleza de la mujer, es esencial. Por tanto en María tenemos el mejor modelo. Ella, la Mujer por excelencia, será un referente y guía principal de feminidad, servicio y alegría apertura a Dios en la vida de las alumnas y en cada familia.
La talla de Nuestra Señora de Alegra la realizará el artista Javier Viver. Será una talla única, pensada para Alegra.

El nuevo alumbramiento

Tu hijo resucitó y ¿quién te lo anunció, María? ¿Vino otro ángel? Porque después que te dejó el primero, parece que no volvió ningún otro. ¿Cómo fue el encuentro que ya esperarías, pues no podía ser la muerte más fuerte que el “hágase” del Creador que bien supiste hacer tuyo?

Cristian Díaz Yepes. LA RAZÓN 16-04-2020

Virgen Madre, quiso Dios que aprendieras a escucharlo como hombre; primero en ti, en tu corazón lleno de Él y a Él del todo entregado. Entre exilios, noches de desierto y pérdidas de tu propio hijo y propio Dios, Él te había acostumbrado a ser mujer de silencio, confianza y espera. Aprendiste así que no hay vacío de ti misma que Dios no colme, ni ausencia que no pueda henchirse de esperanza. Por eso, entre la cruz y Pentecostés el evangelio no nos dice qué pasó contigo. Prefiere Dios velarlo en una intimidad en que nosotros somos engendrados de nuevo.

Lo que sí nos ha dicho el evangelio ha sido el primer anuncio que recibiste, tan divino como el saludo angélico y tan humano como tu pregunta: “¿cómo será eso posible…?”. ¿Cómo es posible que lo humano dé espacio al mismo Dios y así se haga verdadera humanidad? “El Espíritu Santo vendrá sobre ti” (Lucas, 1, 34), fue toda la respuesta. Por eso pensamos que en la Pascua no habrá sido distinto. El Espíritu, habituado a morar en ti y desde ti engrandecerse, te habrá mostrado a tu hijo resucitado como lo más real y por eso mismo más cargado de misterio. Tú le seguirías haciendo nacer y crecer en los hijos que te entregó desde su cruz. Y así esa palabra que un día se hizo en ti carne inmaculada, ahora se hace carne redimida, pan partido y perdón por los caminos del ancho mundo y del tiempo.

María del encuentro, el silencio sobre el encuentro con tu hijo resucitado nos enseña a hacer silencio también nosotros. Porque nuestra propia humanidad está cargada de su presencia. Nuestros desiertos y pérdidas, llamados a la esperanza. Y nuestra pregunta: “¿cómo será esto posible?” se abre al Espíritu que levanta lo caído y cura lo enfermo. Desde allí salimos, paso a paso en nuestro andar, donde le encontramos como prójimo. Entonces toda incredulidad y desconcierto se iluminan al reconocerle tan dentro como para colmarnos y tan próximo como para unirnos en un nuevo alumbramiento

 

 

La oración más allá de la epidemia

La Peste Negra, que devastó toda Europa y acabó con un tercio de su población, llevó a los fieles a clamar a la Madre de Nuestro Señor para que los protegiera en un momento en que el tiempo presente y la muerte eran casi uno”. Fulton J. Sheen

Cristian Díaz Yepes. LA RAZÓN 4-04-2020

Una epidemia en el pasado nos dejó una de las más sentidas oraciones del cristiano: el Avemaría. ¿Qué nos enseña esto y cómo podemos sacar hoy su mayor fruto?

Así como Cristo enseñó en su vida pública la oración de los hijos de Dios, el Padrenuestro, también el Espíritu Santo nos ha enseñado a través del tiempo la oración a quien él nos dejó como Madre, la Santísima Virgen. Y lo ha hecho como todas sus acciones en la historia: mediante un crecimiento de la comprensión que nos adentra cada vez más profundamente en sus misterios. Porque ya lo dijo el mismo Cristo: el Espíritu Santo os irá guiando hasta la plenitud de la verdad (Juan 16, 13). Verdad que ya se ha dado totalmente en sí mismo, en su muerte y resurrección. Ahora somos nosotros quienes debemos crecer en la acogida y respuesta que le damos. Dentro de ese gran proceso, Dios nos muestra cómo nos acompaña la que es su madre y también la nuestra.

Los pasos que nos ha ido marcando el Espíritu Santo para invocar a la Virgen son como los tres movimientos de un concierto que canta la alabanza a Dios y a su obrar en quien ama. El primero, que repite la salutación del Ángel, expresa lo que Él mismo dice de la Virgen: ¡Alégrate, llena-de-gracia, el Señor está contigo! (Lucas 1, 28). Aquí hay tanto un saludo como una denominación y la confirmación de una verdad. Saludo de alegría y cumplimiento de todos los anhelos del ser humano. Luego un calificativo único que destaca a María como primicia de la nueva humanidad: ella está llena de la presencia y acción del Altísimo.

Al canto de Dios sobre María, le sigue el segundo movimiento del concierto: lo que dicen sus contemporáneos sobre ella. Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre (Lucas 1, 43). Estas palabras de su prima Isabel al recibir su visitación expresan el estupor y la gratitud de quien reconoce en la doncella de Nazaret una presencia única sobre la tierra. Distinción que le seguirá tributando el coro de sus hijos a través de los tiempos.

Finalmente, el tercer movimiento del concierto: una súplica que elevan estos hijos en un momento de universal terror y dolor. Porque fue a mediados del siglo XIV, cuando los cristianos se vieron asolados por la Peste Negra, que añadieron a las dos primeras partes del Avemaría la súplica final con que hasta hoy lo rezamos. Ante todo, confirmaron el primer dogma mariano, del año 431. María, como madre de Jesucristo, es enteramente la Madre de Dios. A este reconocimiento se agrega la confesión de nuestra propia necesidad: ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.

Así se compuso el Avemaría como la sencilla oración que reúne las grandes afirmaciones que tanto Dios, como quien la conoció personalmente y los creyentes en general hacemos sobre la Virgen Madre. Ahora y en la hora de nuestra muerte. Sí, justo esos dos momentos a los que cada persona debe estar especialmente atenta: el presente y el destino terreno del que nadie puede sustraerse y para el cual todos hemos de prepararnos. Porque existe una intuición cierta de la fe: la Virgen puede y quiere acompañarnos especialmente en los tiempos de dolor e incertidumbre. Estos bien pueden ser ocasión para volver a lo esencial de la vida, centrándonos en el presente y proyectando nuestra existencia con sentido de eternidad. Que tanto hoy como al final de nuestros días nuestro canto a María se una al mismo que ella elevó: mi alma engrandece al Señor… porque ha hecho grandes cosas en mí el que todo lo puede (Lucas 1, 46. 49). La Semana Mayor que ahora comenzamos es la ocasión providencial para afinar la parte que nos toca en esta sinfonía que une el cielo y la tierra.

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La escultura de la virgen de Santa María de la Paz

Escultura de  la virgen de Santa María de la Paz. Proyecto para la Capilla del Centro de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios.
Un proyecto de Javier Viver con la colaboración de:
Mateo Maté
Alejandro Marote
David Jiménez
Juan Mazzuchelli
y Miguel Ángel Serrano Domenech

Descripción del proyecto

La escultura de la virgen Santa María de la Paz del artista Javier Viver forma parte del precioso proyecto de la pequeña Capilla del Centro Hospitalario para personas sin hogar. Esta capilla pertenece a la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios.

La capilla de Santa María de la Paz se propone como el corazón del edificio. Concentrar el anhelo de esta Casa, la creación de un cielo en la tierra, espacio en el que se experimenta la acogida…, los brazos del Padre bueno que nos estrecha contra su corazón, nos viste y nos invita a la mesa. » … porque estuve roto y me acogiste».

La capilla se ordena así como un coro o encuentro de los que han sido acogidos a las Bodas del Cordero: Salid a los cruces de los caminos e invitad a todos los que encontréis.

Descripción del proyecto y artistas

Todos, desde la sillería del coro, dirige su mirada a Cristo Cordero de Dios en la Cruz, sobre el altar. El espacio se ordena en torno a tres ámbitos: el altar o liturgia eucarística, el ambón o liturgia de la palabra y el Sagrario María o reserva eucarística. Iglesia naciente, Arca de la Alianza, Madre de Dios.

El altar y el ambón están confeccionados con listones de madera de roble trenzados. En el altar se inserta la Cruz Tau, procesional, de la misma madera, pero dorada con pan de oro en la parte superior y con un Cristo en majestad: es el Oriente. Detrás del altar, se contemplan dos manos, en un mural fotográfico procedente del Hospital de la Salpetriere, en París. Es el encuentro, la acogida del Padre de la Misericordia.

Condesciende con cada uno de nosotros. Es una visualización del misterio eucarístico, mistagogía sacramental. Este mural hace del espacio un lugar de la levedad, sereno e intenso. Nos transporta a otra escala.

Pared y escultura de Santa María de la Paz

Frente al altar se encuentra el ambón, en el que el VERBO DE DIOS nos habla. En el paño de pared tras el ambón aparece la imagen de una constelación de aves, que alaban a Dios en la liturgia cósmica y representan el soplo del Espíritu Santo, obra del fotógrafo David Jiménez.

Así observamos como en uno de los laterales de la sillería, sentada, a la altura del altar se encuentra la imagen escúltórica y sagrario de Santa María de la Paz: embarazada de Dios se convierte en el primer tabernáculo de la historia, templo del Verbo encarnado.

De esta forma se integran de forma natural, pero diferenciada, presencia real e imagen de culto. María, recogida en oración, suscita en todos los que la contemplan el anhelo del estado de gracia y de paz de la primera comunión. Y así nos invita a unirnos a la comunión de la Iglesia.

Vía Lucis, Vía Crucis

Además, en los muros laterales, a ambos lados de la capilla, se sitúan las 14 estaciones del Vía Crucis, a la derecha y otras 14 del Vía Lucis a la izquierda. Es una vidriera corrida. Con este fin se trata de representar el misterio de la Cruz en su doble vertiente: como vía del dolor y camino de luz y esperanza.

El Vía Crucis se representa mediante una obra de Mateo Maté Obra en la que se muestra la parte austera del cuadro, representada por el bastidor de palo en forma de cruz. Es precisamente en el ámbito de la belleza de la pintura donde el autor encuentra la otra cara oculta, siempre presente: la cruz.

También Cristo es definido en la Escritura como “el más bello de los hombres” y “en el que no hay belleza que agrade”. De esta forma el cuadro recoge la tradición de las Arma Cristi.

Ahí encontramos la cruz de madera, los santos lienzos, los clavos, las cuñas que atraviesan el costado e implicitamente las tenazas y el martillo.

El Via Crucis se representa por medio de una secuencia fotográfica de manos, en blanco y negro, que dialoga con el mural principal y anuncia cada uno de los pasos de Cristo en el Calvario. El Via Lucis es una obra del fotógrafo Alejandro Marote.

Por tanto, en ellas queda representadas las 14 cruces llenas de luz y color, realizadas a partir de superposiciones de fotografías de árboles. Así la Cruz es mostrada como Árbol de la Vida y trono de triunfo de Cristo.

Por último hablamos de la realización de los vasos sagrados de un mismo diseño a partir de bloques macizos de acero inoxidable, torneados y pulidos industrialmente. La sencillez y elegancia del diseño como representación de amor y reverencia al misterio. La sencilla dignidad más que la ostentación.

El diseño de los vasos sagrados ha sido fruto del trabajo en equipo de los artistas Juan Machuchelli, Miguel Ángel Serrano y Javier VIver.

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